Buscar
Barcelona, las Ramblas y una Sony Alpha
martes, 31 de enero de 2012
Un momento para escuchar
jueves, 14 de julio de 2011
Dos hombres ya maduros (es decir, dos ancianos), hablan sobre el envejecimiento, y uno le dice al otro:
- La peor parte se la llevan nuestras mujeres, y además ellas se niegan a admitir que envejecen y tratan siempre de esconder sus achaques.
- Tienes mucha razón, pero he encontrado un buen truco para hacerles ver sus discapacidades a través de un sencillo juego:
Así, si quieres saber si tu mujer empieza a quedarse sorda, colócate a 10 metros de ella y hazle una pregunta. Después, cuando veas que no te responde, acércate a 5 metros . Después a 2 metros, y después a 1 metro. Y entonces no le quedará más remedio que aceptar que se está quedando sorda...
El otro encuentra la idea muy buena y cuando vuelve a casa se coloca a 10 metros de su mujer y le pregunta con voz fuerte:
- Cariño, ¿qué hay de cena?
No recibe respuesta.
Entonces se acerca a 5 metros y le pregunta de nuevo:
- Cariño, ¿qué hay de cena?
No recibe respuesta tampoco, por lo que se acerca a 2 metros y le vuelve a preguntar:
- Cariño, ¿qué hay de cena?
Sigue sin recibir respuesta.
El tipo, divertido por el funcionamiento del truco de su amigo, se aproxima a apenas un metro y grita:
- Cariño, ¿qué hay de cena?
Su mujer se gira y le dice, con cara de exasperación:
- Te lo digo por cuarta vez, gilipollas ¡¡¡ sopa y croquetas !!!
Una emoción y una sonrisa
jueves, 30 de junio de 2011
Lo importante es seguir quedando:
Un grupo de amigos cuarentones se encuentran para elegir el sitio donde van a cenar todos juntos. Finalmente se ponen de acuerdo en cenar en el restaurante del Café Central, porque las camareras son guapas, llevan minifalda y escotes generosos.
Diez años después, los mismos amigos, ya cincuentones, se reúnen de nuevo para elegir el restaurante donde ir a cenar. Finalmente se ponen de acuerdo en cenar en el restaurante del Café Central, porque el menú es muy bueno y hay una magnífica carta de vinos.
Diez años después, los mismos amigos, ya sesentones, se reúnen de nuevo para elegir el restaurante donde ir a cenar. Finalmente se ponen de acuerdo en cenar en el restaurante del Café Central, porque es un sitio tranquilo, sin ruidos y tiene salón para no fumadores.
Diez años después, los mismos amigos, ya setentones, se reúnen de nuevo para elegir el restaurante donde ir a cenar. Finalmente se ponen de acuerdo en cenar en el restaurante del Café Central, porque el restaurante tiene acceso para minusválidos e incluso hay ascensor.
Diez años después, los mismos amigos, ya octogenarios, se reúnen de nuevo para elegir el restaurante donde ir a cenar. Finalmente se ponen de acuerdo en cenar en el restaurante del Café Central, y todos coinciden en que es una gran idea porque nunca han cenado allí.
El Sol sale para todos
lunes, 23 de mayo de 2011
Quizás sea la frase que me gusto más de todas las que vi en esta “KDD pacifica” a la que yo no llamaría manifestación.
Del resto pienso que las imágenes, o mejor dicho las frases convertidas en imágenes, lo dicen todo.
¿ Merece la pena…?
lunes, 11 de abril de 2011
¿Donde va nuestro dinero?
viernes, 5 de noviembre de 2010
Este lunes quedaba sorprendido al saber como funcionan ciertas medidas tomadas, por lo menos eso me explicaba el agente de la ORA al que me dirigí, por el Ayuntamiento de Madrid.
Seguro que para más de un residente en este municipio les será familiar esta tarjeta, que hace unos años facilitaban los agentes de la ORA para facilitar los tramites de pagar en las innumerables zonas reguladas dentro de la capital
Pues el lunes intento pagar con la tarjeta que tengo desde hace ya también un par de años en uno de los parquímetros distribuidos por toda la Villa, recibiendo un mensaje tal como “Error de comunicación, operación cancelada” (Intento trascribir lo más parecido a lo que me ocurrió, quizás el mensaje tuviera otras palabras).
Al dirigirme a un agente de la ORA que estaba en la zona para indicarle el hecho, este me responde que dichas tarjetas, por decisión del Ayuntamiento se están retirando y que es posible que la mía haya sido cancelada ya, ¡pese a que aún tenía saldo!.
Al preguntarle al respecto de qué pasaba con ese dinero que yo había depositado en esa tarjeta monedero para la ORA, me responde que hay que dirigirse a no sé qué dependencia municipal sita en la calle Cabanillas.
Me pregunto si esto es así, si desde el Ayuntamiento de Madrid se han preguntado cuanto le puede costar a un ciudadano normal la perdida de tiempo y dinero en medios de transporte el recuperar ese saldo, ¡seguramente más que el saldo que resta en su tarjeta!; o si por el contrario esta medida esconde una manera más de aplicar el viejo dicho “si un banquero se quedase simplemente con los céntimos de todas y cada una de las operaciones que realiza a lo largo del día, seguramente se haría rico”.
Me digo, no sería más sencillo, para retirar esas tarjetas, respetar el saldo que cada ciudadano tiene depositados en ellas, bloqueando solamente la recarga de las mismas.
Una historia que me llego por e-mail
viernes, 14 de mayo de 2010
Uno de los baldes estaba rajado y el otro era perfecto.
Este último estaba siempre lleno de agua al fin de la larga caminata desde el torrente hasta la casa, en cuanto el rajado llegaba medio vacio.
Por largo tiempo esto fue así, con la señora que llegaba a la casa con solamente un balde y medio de agua.
Naturalmente el balde perfecto estaba muy orgulloso de su própio resultado y el pobre balde rajado tenia vergüenza de su defecto, de lograr hacer solo la mitad de aquello que debería hacer.
Depues de dos años, reflexionando sobre su propia y amarga derrota por estar rajado, el balde hablo con la señora durante el camino:
“Tengo vergüenza de mi mismo, porque esta rajadura que tengo me hace perder la mitad de el agua durante el camino hasta tu casa”!
La anciana sonrió:
¿Has observado que lindas flores hay solamente de tu lado del camino?
Yo siempre supe de tu defecto y mientras te llevaba plante semillas de flores en tu lado en el camino.
Y todos los días, cuando regresábamos, tu las regabas.
¡Por dos años pude recoger aquellas bellísimas flores para adornar la mesa!
¡Si tu no fueras como eres, yo no habría tenido aquellas maravillas en mi casa!
Cada uno de nosotros tenemos algún defecto. Pero el defecto que cada uno de nosotros tenemos, es el que hace que nuestra convivencia sea interesante y gratificante.
Es preciso aceptar a cada uno por lo que es ... Y descubrir lo que tiene de bueno en él.
Por lo tanto, mis “defectuosos” amigos y lectores, tened un buen día y recordad de regar las flores a vuestro lado del camino.































